¡Bienvenido el americanismo!

por Pedro García

Han pasado más de 35 años desde que me enamoré perdidamente de los colores azul y amarillo del Club América. Eran los ochenta y el equipo venía de una renovación en imagen que acentuaba el amarillo cómo estandarte, y al águila como mote, la cual presagiaba una década de ensueño para sus seguidores. En aquella época, el América voló por todo lo alto del futbol mexicano.

Ser niño en la década más exitosa de la historia de tu equipo es una experiencia que se graba en tu mente y en tu corazón. Por siempre recordaremos el minuto a minuto, jugada tras jugada, de esos partidos que llenaron de gloria al americanismo, donde sus jugadores se elevaron al nivel de super héroes de carne y hueso.

Mi abuelo fue americanista y mi padre lo sigue siendo, así que naturalmente, el equipo me estaba esperando para arroparlo y alentarlo desde antes de que naciera. Pero no fue fácil confirmar esa decisión: en 1983, el equipo perdía uno de los partidos más importantes de su historia, y cómo le suele pasar a cualquier americanista incluso hasta éstos días, fui la burla de mis primos —que ni siquiera eran seguidores del equipo que nos había eliminado—, mi papá, consiente de lo que estaba pasando, me dijo por primera vez que no sería fácil llevar mi americanismo con orgullo y convicción pues justamente a éste equipo, y nada más a él, se le quiere como a ninguno y se le envidia absolutamente todo. Me recomendó estar plenamente convencido antes de continuar con mi afición. Ese mismo día comprendí lo que implica ser aficionado del América y desde entonces nunca más he vuelto a dudar.

Siempre soñé con ser jugador de América, pero la vida no me dio ese talento. Luego, cuando rebasé la edad para seguir aspirando a serlo, pensé en trabajar para el club pero mi vocación me llevó por otro camino. Años más tarde, la vida me haría un guiño al trabajar para una firma de abogados que tenían cómo cliente precisamente al América, así que por fin, algo me vinculaba al equipo más allá de mi afición.

Primero mi madre, y ahora mi esposa (Olga), me han cuestionado sobre lo que me provoca el club. Cada temporada, mi esposa me recuerda que le dedico mucho tiempo y dinero. Y es que después de mi familia, el América tiene un gran lugar en mi corazón, cómo el que le doy a los amigos que te ha acompañado en toda tu vida y en tal caso, lo que nos dedicamos es mutuo. Por momentos me hicieron creer que no existía otro fanático cómo yo, pero después de casi 20 años de ir a las plateas del Estadio Azteca, he conocido a muchísimos de esa clase: mitad locos, mitad marcianos; clase a la que mi mamá y Olga creen que pertenezco.

Y es justamente ahí en el Estadio Azteca, tras conocer a la gente del América, que nace LOS MÁS GRANDES, un proyecto que teníamos —al menos un par de años cocinando a fuego lento—, Héctor Hernández, Joao Silva (el portugués más americanista del mundo) y yo, pero que por diferentes circunstancias no pudo ver la luz en pleno centenario cómo lo imaginábamos.

Para evitar que la desilusión de los resultados y “festejos” de 2016 terminara por enfriar para siempre el proyecto, me decidí a intensificar el trabajo y busqué a Fausto Ponce de quien seguía su trayectoria en los medios de comunicación desde hace años y le planteé la idea buscando su asesoría. Para mi sorpresa, no lo dudó ni un minuto y confesando su empolvado americanismo se sumó con el entusiasmo y energía que necesitábamos para de una vez por todas concretar nuestra idea.

Así que, bienvenidos a LOS MÁS GRANDES, una plataforma de contenidos hecha por y para el Americanismo de todo el mundo, inspirada en el club América pero especialmente en toda su gente… la que lo apoya, la que lo sigue en casa o de visitante, la que lo ve por televisión, la que recita como mantra sus alienaciones históricas, la que lo critica cuando no gana o no contrata a los jugadores que están la altura del club, la que ha llorado en sus derrotas, la que vio jugar a Zague y a Zaguinho, la que se enamoró de Reinoso y Borja, la que hizo de Zelada y su atajada del penal en la final soñada un mito, la que vio debutar a Cuauhtémoc Blanco y pensó que el mesías del americanismo había llegado, la que sobrevivió a los grises 90, la que no salió del Estadio Azteca el 26 de mayo de 2013 hasta presenciar el milagro de Moy, la que defiende el lugar de Rubens Sambueza en la historia del club, la que ha visto todos su campeonatos e incluso para aquellos que aún no han visto alzar por primera vez una copa al equipo.

Para todos ellos este es el medio ideal para que nos compartan su americanismo y juntos sigamos viviendo, gozando y sufriendo la pasión que sólo genera El Más Grande!

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